Se parece a Néstor Kirchner: Alberto Fernández llegó caminando al Centro Cultural que lleva el nombre del expresidente para encabezar el acto del emplazamiento de una estatua, para recordarlo, a diez años de su muerte. Tuvo que abrirse paso entre la gente que lo quería saludar para poder entrar por la puerta imponente del CCK.

Todavía no es mediodía y un hombre, Carlitos, pega un afiche. «¿Es Néstor?», pregunta Abel que pasa por ahí. «Sí -le responde-, es Néstor». El afiche anuncia una vigilia y forma parte de una pegatina que se puede ver en las calles cercanas al CCK. «Vendeme uno», le pide Abel. Carlitos se lo da: «No se paga», le dice, y lo saca del carrito de súper donde los lleva. Abel le da un billete igual, y le explica a Página/12: «Lo amo a Néstor, yo tenía uno pero fui desalojado, y ahí perdí el póster de Néstor». Abel se emociona.

Así es el clima que se vive en los alrededores del CCK, donde se realiza el acto en homenaje a Néstor Kirchner, a diez años de su muerte. Allí, el presidente Alberto Fernández inaugurará pocos minutos después la estatua de su figura, donada a la UNASUR en 2014, pero que fue retirada de ahí el año pasado.

Militantes de partidos políticos y de organizaciones sociales van llegando hasta el antiguo Palacio de Correo. Pasadas las 11 se pueden ver ya banderas de Barrios de Pie en la puerta. Antes de mediodía, llega Horacio Pietragalla y comienza la conversación con la prensa que seguiría momentos después Fernando Espinoza.

Agustín Rossi sigue en los discursos mientras en la pantalla gigante ubicada sobre la vereda del CCK, se pueden ver los movimientos en el pasillo del viejo correo que ahora cobijará la estatua que no quiso en Quito Lenín Moreno, quien la mandó a sacar en 2019. Más tarde llegan Rodolfo Daer y Fernando Chino Navarro, Oscar Parrilli. «La carta posiciona nuevamente a Cristina desde una mirada estratégica en situaciones como la economía bimonetaria», dice el senador Parrilli al momento de dialogar con la prensa a propósito de la ausencia anunciada de Cristina Fernández de Kirchner.

Sobre las vallas que protegen la pantalla alguien colgó un ramo de flores. Se nota que es casero. Fabricio está cerca, pero dice: «Las ha dejado algún otro compañero, como está pasando en muchos lugares, hay muchas flores en Plaza de Mayo». Él viene de Quilmes. A su lado Anahi, usa barbijo con escudo peronista. Amaru, es el hijo de ambos, tiene 11 años. También vino. «Esta familia se formó al calor de estos nuevos tiempos –dice Anahi– ¿cómo no íbamos a venir?» describe mientras llega Axel Kicillof, a las 11:55.

«Esta es la resurrección de Néstor -dice Abel- ¡porque Néstor vive!», exclama, cuando la pantalla muestra cómo la tela cae y Néstor vuelve a coronar un salón patrio. Desde los altavoces resuena en su voz, el poema «Quisiera que me recuerden», de Joaquín Areta. Un clip de imágenes emociona a quienes observan el acto. El video trae al presente alguno de los discursos emblemáticos del expresidente, que se mezclan con los gritos de la gente que lo llama: «¡Néstor querido!».

Los presentes aplauden ante algunas imágenes: el abrazo con líderes latinoamericanos como Hugo Chávez o Ignacio Lula da Silva. El saludo de Evo Morales y de Rafael Correa. Los recuerdos de Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto. Las palabras de Hugo Moyano. Pero resurgen con ímpetu con el mensaje de Cristina: «Este es el mejor lugar para él», dice el texto enviado por la vicepresidenta. Visiblemente emocionado entonces, el presidente Alberto Fernández comienza su discurso.

«El más difícil que me ha tocado», se sincera Fernández, de entrada. Las personas lo escuchan con atención. Habla de Néstor, de esa forma «políticamente incorrecta» de hacer «posible lo imposible». Por caso, poner una «Corte Suprema digna» o «terminar con la impunidad de los genocidas».

«Néstor no se murió, Néstor no se murió…», el cántico surgió espontáneo al finalizar el acto. Los militantes de Barrios de Pie levantan sus banderas. «Vinimos de Retiro, Madero, Barracas, Soldati», explica Walter Córdoba, su referente. «Yo ya estaba organizado cuando se nos fue», Walter habla de «Néstor», con familiaridad. «Él pensaba en los sectores populares, y logro grandes conquistas», recuerda. A su lado, pero no cerca, Jorge Milan mira el entorno, usa casco, vino en bici: «Ver esto me emociona, me llena de energía el corazón, más que el ejercicio», se ríe. Es psicoanalista y ejercita en la zona, cada día, dice, mientras los invitados al acto, comienzan a salir.

«Estoy emocionado», dice Kicillof. «Muy emotivo todo» coincide Emilio Pérsico. Fernando «Chino» Navarro agrega: «el mejor homenaje es militar para que cambie la Argentina». Verónica Magario, Ginés González García, se cruzan en la vereda con la tanguera Adriana Varela o el creativo guionista Pedro Saborido. «Es un día optimista –dice Saborido–, optimista desde el coraje, sin inocencia, creo que al mundo lo cambian los optimistas», sostiene. «Los que sabemos resistir, los que vamos a seguir apoyando el modelo», define Varela. Walter la escucha y le acerca una estampita: «Néstor vive en los barrios», dice el frente. El dorso, reza: «Con capacidad transgresora». No hay abrazos, pero las miradas emocionadas hablan de una jornada esperanzadora.  

Página 12