Dicen y hacen lo que les ordena el Gobierno de Estados Unidos en su política injerencista contra Venezuela. Así está actuando el Gobierno colombiano. Como un lacayo, excesivamente servil. Lo último de su Canciller Claudia Blum, de pedir a la Corte Penal Internacional que rechace las elecciones parlamentarias en Venezuela, sobrepasa las normas que rigen su conducta y cae en la ignorancia sobre la competencia penal de la Corte creyendo que votar es delito. Es la injerencia sin límites que cambia profundamente el concepto de la diplomacia. 

Por supuesto, también sorprende el comportamiento hipócrita de la Canciller, en medio de otros serviles que forman el “Grupo de Lima”, de pedir investigar violaciones de derechos humanos en Venezuela cuando su propio país es el mismísimo campo de la muerte; de casi cien masacres en lo que va de año; de líderes sociales asesinados por día, inmisericordemente; de fosas comunes y lugares donde el Estatuto de Roma se agota de genocidio y crímenes de lesa humanidad, e incluso de crímenes de guerra perpetrados en ese conflicto armado interno que ya pasa los 70 años, porque la paz de Colombia sigue siendo esquiva dentro de una dinámica perversa que institucionalizó la guerra y una llamada “democracia” que no abre caminos efectivos para la paz.

La lucha por la soberanía y la no intervención ha sido una constante de los pueblos de América Latina, sobre todo los que han vivido procesos revolucionarios. Recordemos la doctrina Carranza, de comienzos del siglo XX, con el pueblo mexicano en plena revolución y un Venustiano Carranza en 1918 enfrentando el intervencionismo de Estados Unidos. “La igualdad, el mutuo respeto a las instituciones y a las leyes y la firme y constante voluntad de no intervenir jamás, bajo ningún pretexto, en los asuntos interiores de otros países” son principios que el Gobierno de EEUU y sus gobiernos lacayos de la Unión Europea y Grupo de Lima, no respetan. Hoy Venezuela es atacada en todos los frentes por esa política global injerencista y, al otro lado de la frontera, un gobierno servil y sin autoridad moral para invocar derechos humanos amenaza y pretende la no realización de las elecciones del 6 de diciembre. Se equivocan. No conocen a este pueblo que, seguro, bajo las miradas del mundo, derrotará la injerencia sin límites y saldrá victorioso con su nueva Asamblea Nacional. ¡Así le duela a quien le duela!

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