La semana pasada volvíamos a una convicción famosa del papa Pío XI, del siglo pasado: “La política es el campo más vasto de la caridad, el de la caridad política”. Por eso, el proceso electoral es una señal evidente de caridad política. No es, ni mucho menos, la única manifestación en ese campo.

Sin embargo, no pocos se sienten movidos por otra pregunta ¿Será indiferente el partido, los políticos, por los cuales yo vaya a votar? La Iglesia, ¿me puede prohibir, o tal vez, desanimar en mi elección, o “aconsejar” otra?…

Para quien se siente libre, ¡p’lante! ¡Ninguna prohibición me detendrá! ¿Y para quién se siente “obediente” y deseoso, tal vez, de un “buen consejo”? En contextos variados, una palabra única no es posible. Tampoco se puede proponer una solución universal para todos los casos. Esto dicho, valga lo siguiente: la experiencia más frecuente es que los sacerdotes suelen ser malos consejeros. Ellos no son políticos profesionales. Ni necesariamente portadores de la “humildad fundamental”. Sus avisos suelen corresponder a sus tendencias sociales y a sus ventajas adquiridas. Tratándose de cristianos o no, el elenco de los resultados políticos suele ser el fruto de la historia social del país o de la región, y mucho más todavía, el reflejo de la historia privada y personal de cada uno. Es decir, cuesta buscar sinceramente una reforma estructural del poder, que pase por partidos y gente.

Sin olvidar la integración difícil de las medias vueltas y de los cambios violentos de opinión… “Todos los venezolanos estamos convencidos de que en nuestro país hace falta acentuar los cambios sociales y hacerlos más profundos, rápidos y eficaces… El combate contra la pobreza de grandes sectores de nuestra población es urgente y necesario”. ¿Dónde están los sacerdotes de los cuales oíamos tales juicios, lanzados en los vientos generosos de los años 60 a 85, más o menos? ¿Todavía tenemos capacidad hoy para estos grandes relatos? ¿Acaso no habremos dejado en el camino de la vida el “combate” por la justicia social?

Terminemos por otra cita papal, sobre el mismo tema: “De las presentes injusticias, todos somos también responsables, y, por lo tanto, la conversión personal es la primera exigencia”. Primer acto de “humildad fundamental”, concluía Pablo VI…

Sacerdote de Petare.